Ni me molesté en prepararlos. Sabía que el tiempo que invertiría en ellos no iba a ser tan eficiente como invertirlo en mejorar en otros ejercicios, pero no solo eso, si me ponía con ellos me iba a pillar tal frustración que ya nublaría el resto del día y esa frustración se extendería al resto de
psicotécnicos, y por si fuera poco, en caso de prepararlos y lograr entenderlos un poco mejor, en el
examen me creería competente para resolverlos y contestaría a los cubos que saliesen (tu yo interno no te permitiría dejar en blanco algo a lo que has dedicado mucho tiempo), con la alta probabilidad de fallarlos. Por todo ello, el coste de oportunidad que iba a pagar por prepararlos no era positivo, sumándole que las posibilidades de que saliese ese ejercicio en el
examen eran pocas. A veces tenemos que jugar con estas cosas durante la preparación y ver qué es lo que más le conviene a uno.