Y no es cuestión de que el aspirante se desmotive, sino de hacerle ver que, para afrontar con garantías este proceso, se ha de emplear la cabeza y el sentido común, siendo ello lo que permite enjuiciar las condiciones externas del proceso y las internas como opositor de manera correcta.
De nada vale por ejemplo, lanzarse a por cien plazas cuando la situación y condicionantes personales y/o sociales del opositor no acompañan.
Hay que ser listo, que no tanto inteligente, para saber a qué se enfrenta uno, cómo de costoso supondrá el hacerlo y estimar resultados más o menos posibles.
Esto no es llegar, creerse en las Termópilas y hacer el molinillo a ver si cae algo. Esto es mucho más serio, al menos para la mayoría que se adentra. Excluir aquí a la fauna de MHyV.