Ahora que quedan ya días para empezar nuevo asedio a la ENP,
Os digo, como persona que hace muy poco se vio en vuestra misma situación, que sé varias cosas sobre esto que comienza ahora.
Que habréis pasado días complicados, esos en que te duele un poco aquí y otro tanto allí, ver por la ventana ese día de perros para ir a correr o al gimnasio, o un día de julio, tan estupendo que impide centrar la cabeza en el dichoso tema ese que siempre se te cruza mientras buena parte de las personas a las que quieres, y que te quieren, están disfrutando por ahí sin ti.
Que también sé que habréis pensado eso de "qué leches estoy haciendo, si no he firmado nada que me asegure entrar" y lo habéis pensado tras un rato de echar cuentas para ver el gasto real que os ha
supuesto participar en un proceso selectivo, viajes, autoescuela, gimnasio o centros deportivos, alguna que otra academia buena o menos buena, operación de vista o de otro defectillo que un papel dice que no puedes ser policía con él y tú, valiente, te has lanzado a solventarlo, temarios, zapatillas para correr e incluso plantillas para no terminar de romperte y verte en el caso de los defectillos médicos.
Que os habéis colgado un día y habéis hecho dos dominadas menos cuando deberías haber hecho dos más ( o cinco segundos menos cuando deberías haber hecho cinco más)
Saltar y directamente ni medir para ver esa mierda de distancia que has logrado.
Solicitar una bombona de oxígeno en el polideportivo al terminar el (dos) mil o llamar a tu madre para decirle cuánto la quieres porque crees firmemente que vas a cascar al completar la puta quinta vuelta (o la segunda y media)
Comprar gasolina y mechero para enseñarle a esa valla hija de puta quién va a mandar en el circuito en esa sesión en que las zapatillas van por otro camino a tus pies o de repente te ha debido salir chepa porque no pasas por debajo tan limpiamente como siempre.
Cerrar el libro, cambiar la silla del escritorio por el sofá, encender la tele, pensar que menudo perro/a estás hecha, volver a echar cuentas, apagar la tela y cambiar de nuevo el sofá por la silla, abrir de nuevo el libro. Sentir que has ganado una pequeña batalla.
Poner el puto despertador del móvil al meterte en la cama y leer "faltan 4 horas y 25 minutos para que suene la alarma" Genial.
Despertarte, para cuatro putas horas y media que duermes esa noche, porque has tenido un sueño jodidamente raro acerca de tu entrevista, y obviamente no salías bien parado.
Que vayas a comprar el pan y te quieras meter en un zeta por la ventanilla para que te den un paseo.
Recogerte un día, excepcional, de fiesta a la una. Cruzarte a la gente, que a esa hora va en sentido contrario al tuyo.
Percatarte que eres el único humano que de una semana para otra ha desaprendido algo, por ejemplo, a hacer series de letras o números.
Intentar descifrar ese riptus del inspector en la sala de la entrevista.
Ver a un rival, amigo, posible futuro compañero o incluso hermano, enfrente sentado, con tus mismos miedos, mientras esperas que una voz grite "adelante" en ese frío pasillo de espera.
Ver a uno que no lleva traje, con dos huevos. Pensar que tú no lo harías.
Quedarte callado cuando el médico pregunta o contestar una verdad a medias.
Salir feliz de una entrevista cañera.
Sentir desazón porque era demasiado sencilla.
Verte impotente, pero qué mierda vas a saber tú de solventar actuaciones policiales si eres un simple opositor.
Mentir, eh... no, adornar.
Tolerar el café.
No creer en nada y prometer cumplir cosas a algún dios con tal de que vaya bien la cosa.
Renegar de tu dios porque la cosa no te ha ido bien.
Descubrir hasta dónde puedes llegar, que siempre es algo más allá de donde creías.
Aprender lo que es la autocrítica incluso cuando eres más orgulloso que cualquier otro que conoces.
Tocarte el tatuaje o la cicatriz y pensar en si te dirán algo.
Tener envidia de los niños que se suben a un zeta o una furgoneta para ver eso de las sirenas.
Levantarte temprano y sentir que te comes la oposición, que si ese día te pones con judicatura la sacas,a tomar por culo.
Acostarte, a veces el mismo día en que por la mañana podías ser juez, sintiendo que tienes el mismo futuro que un palo del circuito.
Conocer la definición de injusticia, porque al final terminas buscándola en el diccionario ya que no sabes bien si eso es así de tanto verla o es que tú estás tonto y el resto del mundo es normal.
Aprender tanto que al final se crea un sentimiento de agrado hacia la oposición, normalmente al terminarla, lógicamente.
Explicarle a tu padre/madre, que es más cabezón que un buey y que te ve aprobado aunque hagas el examen al revés, que la cosa está difícil, que no es seguro el aprobar, y explicarle los dos mil factores que pueden hacerte volver a casa de nuevo hasta el año siguiente. No ver que ese hombre/mujer ve el esfuerzo más allá de tus propios ojos, que el triunfo a veces no está en alcanzar la meta sino en lo que uno deja de sí mismo en el camino.
Explicarle a tu padre/madre el porqué de haberte enfrascado en esa aventura, aun teniendo carrera referente a otro ámbito, trabajo fijo en otra cosa o a saber qué, porque no terminan de entenderlo. No ver que ese padre/madre solamente tiene el mismo miedo que tú.
Convencer a tu mujer/marido que de repente, con o sin hijos, con una vida y una casa, quieres ser policía. Que te ha dado por ahí, cuando lo llevabas deseando años. Que te apoye incondicionalmente o que suponga un brecha entre ambos. Que tú tires para adelante.
Terminar discutiendo con un amigo porque defiendes algo a lo que aún no perteneces pero lo sientes un poco tuyo.
Pensar qué se sentirá cuando tienes algo fijo, seguro a nivel económico y laboral, que es muchísimo y ni te imaginas cómo puede ser eso de dormir tranquilo porque a ti o a los tuyos no os va a faltar lo esencial en un futuro.
Pelear con el reloj y el calendario, temprano, muy tarde, corriendo, colgado, recuperándote. Retar al tiempo y perder casi siempre, vencer algunas.
Tirarte meses pensando en qué camino elegir, si sigues allí, si lo compaginas o lo dejas todo por la oposición.
Decidirte en dos minutos y por el corazón.
No decidirte nunca y maldecir años después a la razón.
Disfrutar como un auténtico enano.
Sufrir.
Achicharrar, maltratar y torturar al F5.
Introducir tu DNI, fecha de nacimiento y verlo.
Empieza de nuevo la fiesta.