El caso que hubo en Torremolinos, sin ir más lejos, fue algo similar. Tipo enfarlopado armado atracando una tienda, compañeros intervienen correctamente con taser, éste no reacciona hasta el tercer disparo de taser, con la mala fortuna que entra en paro cardiaco.
¿Consecuencias?
Las de siempre, la opinión pública que desconoce por completo el contexto, lapidan a los agentes intervinientes y hablando de “brutalidad policial”.
Un compañero de baja psicológica y otro cagado sin saber si finalmente jurará o no.
Cada intervención tiene su delicadeza, y a pesar que actúes conforme a los protocolos siempre habrán consecuencias, mejores o peores, con las que hay que vivir. Y esto es uno de las características que hacen de este trabajo algo tan peculiar.
Después es muy fácil escribir como lo hacen los moralistas de teclado y ponerse muy bien puestos, pero habría que ver cómo reacciona uno cuando hay un sujeto armado, drogado y eufórico frente a ti…