Ese Kilómetro nunca se olvida, es una de las peores sensaciones del mundo. Cuando vas montado en el autobús y sabes que llega la hora de tu muerte.
Empieza el kilómetro y los primeros 200 metros vas motivada, te sientes Usain bolt en los Juegos Olímpicos, a partir de ahí la carrera va cuesta abajo intentando motivarte con los aplausos de la grada aunque no sean para tí porque es tu quinto año y tus familiares ya pasan de acompañarte, tus padres solo quieren que apruebes de una vez y dejes de gorronearles. En los últimos 300 metros quieres dejarlo y así llegas a los últimos 100, con pensamientos en tu cabeza de "venga que lo dejó, venga que no" Y claro faltando unos pocos metros pues ya tiras con todo para delante. En la última recta en tu cabeza eres el más rápido del mundo y te auto ves haciendo sprint llegando a la meta. Desde fuera la gente solo ve a alguien intentando sobrevivir que corre a Cámara lenta luchando por respirar.
Por fin llegas y te alegras de no haber parado. Sales de la academia todavía con sabor a sangre en la garganta y tus piernas te auto llevan directamente al MacDonald. Te pides una hamburguesa y te las comes mientras una lagrimilla rueda por tu mejilla, has aprobado, eres feliz y gordo, te lo mereces.