Las sensaciones, miedos y temores que provoca la DFP son dignas de estudio y análisis. Cuando en la 32 vinieron las 1299 plazas y con el fin de las micros seguíamos con el acojone en el cuerpo con el nivel del opositor de las micros, el tapón y la maldita ortografía; nos colocaron un
examen normal para quien controlaba el temario, pero con la sorpresa de las palabritas que nos pilló por sorpresa y que a algunos nos dejó fuera. Con la XXXIII parecía que ya había desaparecido esa agonía de
exámenes de teoría infiernos de las micros por la subida de plazas y los antecedentes de la 32, pero seguía ese runrún con la ortografía a causa de la sorpresa de formato del año anterior (yo era uno de los que así pensaba). ¡Y zas! Un
examen de teoría más duro que los de las micros. Y este año, para seguir con la incertidumbre, volvemos a la mentalidad de las micros y de la 33 por los antecedentes del año pasado; con 3201 plazas, pensando en nivel infierno de teoría (aunque la lógica el año anterior dijera equivocadamente lo contrario) y que la ortografía no contará o contará poco.
¿Qué sorpresa tendremos este año?