Esta historia va sobre un sueño, una utopía que salvará a la humanidad de la corrupción de la justicia.
Tengo 20 años, soy estudiante de psicología y oposito para entrar al Cuerpo Nacional de Policía. No soy facha, no soy racista, no soy nada de todos los prejuicios que la sociedad tiene hacia un policía. La palabra clave es justicia. ¿Un justiciero? Ojalá. Pero la clave de esto y la pregunta más repetida por todos aquellos que me conocen y se quedan asombrados cuando saben para que me preparo: ¿por qué quieres ser policía? Bien, una vez tuve una visión, una idea, el sueño de un mundo mejor donde los valores más fundamentales y que tanto se difunden por las entidades públicas como pueden ser el respeto, la solidaridad, la justicia, se hicieran realidad, no como algo que aparece en la publicidad, sino como el aire que se respira en la calle. Claro, como todo el mundo dice: pues vas por buen camino chaval... (con esa cara de ironía en su máximo esplendor). Solo entonces puedo decirles que no comparto muchos de los valores de la policía. Estoy en contra de las armas en general y de la violencia y por supuesto, detesto todo halo de soberbia de poder que puedes encontrar en una persona armada. Ojalá dentro de unos años pueda empezar una nueva ideología policial desde dentro de la policía. Abolir todo rastro de corrupción cortando de raíz las malas hierbas. Y mi sueño más ambicioso: convertir la policía de este país en un servicio para la comunidad. Unos me tacharán de hipócrita, otros se reirán de mí, incluso me jugaré mi carrera “profesional”. Solo intento ser una minoría que tiene algo diferente que aportar a la sociedad, innovando los medios para conseguirlo. Es una utopía, pero el comienzo es real.
Escrito por una perseverante locura.
Como aclaración por los comentarios que he leído y que respeto TODOS, aclaro que mi negación a las armas es en general, no es un caso específico del cuerpo.
Tengo 20 años, soy estudiante de psicología y oposito para entrar al Cuerpo Nacional de Policía. No soy facha, no soy racista, no soy nada de todos los prejuicios que la sociedad tiene hacia un policía. La palabra clave es justicia. ¿Un justiciero? Ojalá. Pero la clave de esto y la pregunta más repetida por todos aquellos que me conocen y se quedan asombrados cuando saben para que me preparo: ¿por qué quieres ser policía? Bien, una vez tuve una visión, una idea, el sueño de un mundo mejor donde los valores más fundamentales y que tanto se difunden por las entidades públicas como pueden ser el respeto, la solidaridad, la justicia, se hicieran realidad, no como algo que aparece en la publicidad, sino como el aire que se respira en la calle. Claro, como todo el mundo dice: pues vas por buen camino chaval... (con esa cara de ironía en su máximo esplendor). Solo entonces puedo decirles que no comparto muchos de los valores de la policía. Estoy en contra de las armas en general y de la violencia y por supuesto, detesto todo halo de soberbia de poder que puedes encontrar en una persona armada. Ojalá dentro de unos años pueda empezar una nueva ideología policial desde dentro de la policía. Abolir todo rastro de corrupción cortando de raíz las malas hierbas. Y mi sueño más ambicioso: convertir la policía de este país en un servicio para la comunidad. Unos me tacharán de hipócrita, otros se reirán de mí, incluso me jugaré mi carrera “profesional”. Solo intento ser una minoría que tiene algo diferente que aportar a la sociedad, innovando los medios para conseguirlo. Es una utopía, pero el comienzo es real.
Escrito por una perseverante locura.
Como aclaración por los comentarios que he leído y que respeto TODOS, aclaro que mi negación a las armas es en general, no es un caso específico del cuerpo.




