La Policía localizó el año pasado a 106 personas desaparecidas
El Grupo de Homicidios de la
Policía Nacional localizó el año pasado a 106 personas desaparecidas en Sevilla, lo que supone una media de una desaparición cada tres días. En esta estadística no se incluyen a las personas menores de 18 años, que llevan un trámite distinto al de los adultos desaparecidos y cuyas ausencias suelen ser investigadas por el Grupo de Menores.
Muchas de estas desapariciones duraron tan sólo unos días y fueron resueltas en la misma semana en la que se denunciaron. Sin embargo, otros casos requirieron de una ardua investigación que se prolongó durante meses e incluso años. Así, a lo largo de 2012 llegaron a esclarecerse casos antiguos, alguno de mediados de la década de los noventa. Los avances tecnológicos y la actualización de la base de datos de las Fuerzas de Seguridad, renovada con un nuevo programa informático, han sido claves para obtener estos resultados satisfactorios.
El caso más longevo esclarecido el año pasado fue el de María de los Reyes C. G., cuya desaparición fue denunciada por su madre en la comisaría de la
Policía Nacional en el distrito Triana el 15 de febrero de 1996. María de los Reyes, que entonces tenía 36 años, se había marchado de su casa el 11 de agosto de 1995 junto a un ciudadano estadounidense, del que la madre sólo conocía un nombre de pila, Elding. En el periodo comprendido entre la marcha y la denuncia, la joven se puso en contacto con su madre.
En la última conversación telefónica mantenida entre la madre y la hija, ésta le comunicaba que se encontraba en Alemania y que tenía la intención de marcharse a China a estudiar medicina. Desde entonces no había tenido ninguna noticia de ella y por eso denunció la desaparición unos meses más tarde. La
Policía siguió la pista al coche, que había sido vendido en Zaragoza, pero ahí se perdía el rastro.
En el año 2010, con la actualización de la base de datos y la digitalización de todas los casos pendientes, la Unidad de Delincuencia Especializada Violenta (UDEV) central envió desde Madrid a las distintas jefaturas una relación con los asuntos sin esclarecer. El Grupo de Homicidios reactivó la búsqueda de María de los Reyes.
Tras localizar de nuevo a la denunciante -que no fue fácil porque se hallaba en una residencia de ancianos del Aljarafe y no en su domicilio-, los agentes volvieron a trabajar en la investigación y encontraron un nuevo hilo del que poder tirar. En una búsqueda reciente realizada en su vivienda, la mujer había encontrado un carné de prensa británico a nombre de Ronald K., que figuraba como nacido en Alemania. Era éste y no Elding el nombre del acompañante de su hija.
La
Policía emitió una orden de búsqueda a través de Interpol e hizo gestiones con las policías británica, por ser de allí el carné de prensa, y alemana, país de nacimiento de Ronald. Ninguna de las batidas dio resultado. La pista buena llegó finalmente cuando los agentes de Homicidios realizaron una búsqueda a través de las redes sociales y encontraron un perfil en una de ellas a nombre de Ronald K. Correspondía a un hombre de nacionalidad estadounidense y afincado en Phoenix (Arizona).
A través de la
Policía de EEUU se hicieron gestiones para localizar a este hombre y confirmar que se trataba de la persona buscada. Efectivamente, era el hombre con quien se había marchado María de los Reyes 16 años antes. La joven sevillana se había casado con este norteamericano y había adoptado el apellido de su marido. Así, la
Policía española pudo saber que María de los Reyes había fallecido en el año 2008 víctima de un cáncer.
"Tras 16 años sin noticias de su hija, pudimos decirle a la madre dónde había vivido y cómo había fallecido. Eso supone un consuelo y el fin de la incertidumbre para la familia. Ahí termina nuestro trabajo. No entramos en por qué la hija no llamó a la madre ni en los motivos de la desaparición. Nuestro trabajo es encontrarla. Lo hicimos y le facilitamos un correo electrónico y una fotografía a la familia por si querían retomar el contacto", explicó ayer a este periódico el inspector responsable del Grupo de Homicidios de Sevilla.
Este inspector destacó el papel que juegan tanto la coordinación internacional como la tecnología para esclarecer casos como éste. "La denuncia de 1996 estaba escrita con una máquina de escribir y lo que teníamos era una copia en papel de calco. Antes teníamos los medios que teníamos y ahora disponemos de una potente base de datos, que compartimos con la Guardia Civil, y en la que figuran todos los casos pendientes, por antiguos que sean. Por
supuesto, al avance tecnológico hay que unirle las semanas y meses buscando pistas que nos pasamos y que muchas veces terminan en nada, pero que otras veces sí que acaban dando resultado".
Otro caso que pudo esclarecerse gracias a la renovación de la base de datos es el de Carlos Daniel C. L., un joven de 23 años que desapareció en Sevilla el 15 de marzo de 2007. Tras su marcha, el Grupo de Homicidios hizo múltiples gestiones en la provincia de Huelva, recorriendo los campos de fresas ante la sospecha de que podía estar trabajando en uno de ellos. Una familiar aseguró que lo había visto en un pueblo de la provincia de Cádiz, que lo llamó por su nombre y salió corriendo.
Sin embargo, la persona que vio esta mujer no podía ser Carlos Daniel, que había fallecido antes de este testimonio. Casi seis años después de su desaparición, en diciembre de 2012, los agentes de Homicidios revisaron los datos de todos los cadáveres sin identificar, actualizados en el nuevo archivo. Buscaron entre 205 cuerpos que correspondían a personas fallecidas en España entre el día de la desaparición y noviembre del año pasado.
En esta búsqueda, localizaron un cadáver que podía corresponder al de Carlos Daniel. Era el de un varón aparecido en el río Trubia, en Asturias, el 7 de abril de 2007, transcurridos apenas veinte días desde la desaparición. Tras un cotejo de huellas dactilares y una prueba de ADN comparada con una muestra indubitada de un familiar, la
Policía confirmó que se trataba del joven desaparecido en Sevilla. La autopsia reveló que la muerte no fue un suicidio, sino que Carlos Daniel sufrió un infarto y cayó al río.
"Es un caso que resultó muy doloroso para la familia, porque desapareció en 2007 y no hemos dado con él hasta 2012, pese a que estaba en España. Ahora contamos con una herramienta que se ha ido perfeccionando y a mediados de la década pasada aún no la teníamos. Gracias a ella, al menos la familia ha podido saber lo ocurrido y podrá traer los restos de Carlos Daniel (que se encuentran en el depósito de cadáveres de Oviedo) para darle sepultura en su tierra", indicó el inspector.
La coordinación internacional entre policías fue clave para esclarecer otro caso que se prolongaba ya durante año y medio. Manuel G. D., de 43 años, era un trabajador de los juzgados de Sevilla que desapareció el 19 de agosto de 2011. Sufría un proceso de depresión y se marchó con su coche y tras sacar una pequeña cantidad de dinero de un cajero automático. Tras el registro de su casa y su ordenador, la
Policía centró la búsqueda en tres países: Italia, Francia y Portugal.
En su historial de navegación por internet, Manuel había visitado varias páginas de viajes relacionadas con estos tres destinos, en los que había estado antes y que le traían muy buenos recuerdos. Se emitió la orden de búsqueda internacional con las policías de estos tres países para que alertaran en el momento de algún ingreso hospitalario, algún movimiento en la cuenta bancaria o simplemente algún trámite administrativo que revelara su paradero.
El hecho de que se hubiera llevado el coche y escaso dinero hizo a los agentes centrarse en Portugal. La investigación se estancó y no se reactivó hasta enero de este mismo año, cuando el Grupo de Homicidios recibió una comunicación del agregado de Interior de la Embajada de España en Portugal, que alertaba del hallazgo del vehículo. El coche había sido encontrado en la zona de Sete Ríos, en Lisboa.
Estaba perfectamente aparcado y fue hallado gracias a que las autoridades lisboetas decidieron implantar la zona azul en el lugar en el que Manuel dejó el vehículo. Transcurrido un mes desde la puesta en marcha de esta regulación de aparcamientos, viendo que el coche era multado una y otra vez sin que nadie acudiera a retirarlo, la
Policía portuguesa comprobó que la matrícula estaba señalada por sus compañeros españoles.
A través de la Embajada se coordinaron las gestiones entre ambos cuerpos de seguridad. Sorprendió en un primer momento a los agentes españoles el hecho de que no hubiera en la morgue ningún cadáver sin identificar que pudiera corresponder a Manuel. Finalmente se supo que un cuerpo hallado en el río Tajo el 20 de agosto de 2011, el día después de la desaparición del trabajador de los juzgados, había sido enterrado unos meses antes en el cementerio de Benfica. Así lo había decidido el juzgado de Lisboa que llevaba el caso tras pasar un año sin que nadie reclamara el cadáver.
Las policías de ambos países intercambiaron la necrorreseña y las inspecciones dactilares tomadas en Portugal antes de dar sepultura al cuerpo coincidían con las del desaparecido en Sevilla. Igualmente, dos joyas muy características halladas en el cadáver confirmaban también que se trataba de Manuel.
"Su madre llamó al Grupo de Homicidios todas las semanas desde su desaparición. No falló ni una. Había semanas que llamaba hasta tres veces. Siempre la atendimos, siempre la escuchamos. Hoy podemos decirle cómo murió su hijo y dónde se encuentran sus restos, para que puedan realizar los trámites necesarios para enterrarlo en Sevilla".
Fuente:
http://www.diariodesevilla.es/article/s ... cidas.html