Siete años de cárcel para un escolta por maltrato a su mujer, jueza de profesión
Un escolta privado ha sido condenado a siete años y diez meses de cárcel por maltratar gravemente a su esposa, una jueza a la que conoció en el año 2005 cuando comenzó a realizar labores de protección de la mujer, quien por aquel entonces desempeñaba sus funciones en un partido judicial de Gipuzkoa. La sentencia condena al hombre como responsable de seis delitos de maltrato en el ámbito familiar y de otros dos de amenazas, y le prohibe comunicarse y aproximarse a su víctima y a sus dos hijos, menores de edad fruto del matrimonio, durante quince años.
Asimismo, le retira el derecho a la tenencia y porte de armas por un período de dieciocho, y le inhabilita para el ejercicio de la profesión de escolta o cualquier otro oficio relacionado con el uso de armas de fuego por un período de tres años y diez meses.
Los hechos se remontan a octubre de 2005, cuando el hombre comenzó a escoltar a la jueza y ambos iniciaron una relación sentimental. Se casaron un año más tarde. La sentencia precisa que, desde el principio de la relación, que concluyó en 2010, el procesado ejerció «violencia física y psíquica de forma continuada» contra su compañera con «humillaciones, vejaciones, agresiones y amenazas de muerte».
El imputado acusaba «de forma habitual» a su esposa de «haber tenido múltiples relaciones con otros» hombres, «especialmente con miembros de la carrera judicial y fiscal», por lo que «no le permitía ninguna relación social» con sus compañeros. La «vigilaba» para evitar «que tuviera la más mínima vida social independiente».
La sentencia relata un episodio concreto ocurrido en julio de 2007, cuando el matrimonio se trasladó fuera de Gipuzkoa por motivos familiares y se alojó en casa de los padres de la víctima, circunstancia que el hombre aprovechó para registrar la antigua habitación de su esposa donde encontró varias fotografías. Posteriormente, citó a su mujer en una cafetería para recriminarle que en esas instantáneas apareciera «con otros hombres», al tiempo que le llamaba «puta» y «golfa».
Antes de entrar en casa de los padres de ella, el escolta le propinó «un tortazo» de tal intensidad que le «hizo girar». La mujer accedió llorando a la vivienda y manifestó a sus progenitores su intención de separarse, tras lo que se fue a su habitación seguida por su marido, quien cogió una pistola y amenazó con suicidarse «ahí mismo».
En otra oportunidad, en agosto de 2008, mientras el matrimonio se desplazaba en coche junto a su primera hija, la pareja inició una discusión, en cuyo transcurso el hombre insultó y golpeó con el puño en las piernas a su esposa, que viajaba en el asiento de atrás, al tiempo que exhibió una pistola y la amenazó con liarse «a tiros» ahí mismo, entre los llantos de la niña.
El mismo día del parto
Aquella misma noche, el matrimonio volvió a pernoctar en casa de los padres de la jueza, donde el hombre volvió a encontrar otras antiguas fotos de la mujer, a la que encañonó con una pistola, al tiempo que le decía: «Te pego dos tiros y te mato», tras lo que la víctima se refugió en el baño.
La sentencia explica que en agosto de 2008, durante una estancia de la pareja en un hotel fuera de Gipuzkoa, el imputado cogió un cuchillo y advirtió a la mujer de que si salía de la habitación la iba a matar. Posteriormente, cuando estaba embarazada de siete meses y medio de su segundo hijo, el hombre le lanzó un puñetazo que «le rozó la tripa». En otra oportunidad, mientras llevaba a la víctima en coche a dar a luz a un centro médico le espetó: «¡puta zorra, tenemos que venir a las ocho de la mañana, no hay otra hora!». Al volver a a casa tras dar a luz, le persiguió por la casa mientras la amenazaba de muerte, hasta que ella logró huir.
La sentencia relata varios episodios en los que el encausado amenazó de muerte a su suegro, llamó «hija de puta» a su propia hija cuando ésta tenía dos años o escupió a su mujer en la cara en presencia de ambos pequeños. En otra ocasión, la encerró en el baño, le tapó la boca y la agarró del cuello hasta que los pies de la mujer quedaron suspendidos en el aire.
Fuente: http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20140 ... 40406.html