bichobuenoneverdies, un Guardia Civil muere, pero no se rinde. El hambre, el frío o el sueño, no son tal hasta que no se cae extenuado. Mientras estés en la edad no se admite otra cosa que la lucha hasta la victoria. ¡Vencer o Morir!
No hace falta que te la recuerde, pero para los que no la conozcan...
La Instrucción Moral*
EL CREDO LEGIONARIO.- Es la base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella.
La Legión es también religión y sus oraciones están en el comprendidas: las del valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento a la fatiga, compañerismo ante el fuego, y las cardinales: Disciplina, Combate, Muerte y Amor a la Bandera.
Escrito en momento de exaltación del entusiasmo y de la fe, no tiene el más leve pulimento literario. Surgió espontáneo, como si dictásemos unas instrucciones cualesquiera; sentíamos la Legión, pensamos en el espíritu militar y en el de sacrificio. Queríamos que rindiesen culto al Honor militar y al Valor militar y que, sugestionados con estos sentimientos, vencieran el instinto y no temiesen la muerte.
Y queríamos también dictar las austeras reglas de la hermandad que iba a nacer, para que fuera: militar, guerrera, heroica.
Y dictamos:
“EL ESPÍRITU DEL LEGIONARIO es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.”
Espíritu guerrero, embestir con ímpetu, acortar la distancia, clavar la bayoneta. ¿Son guerreros? Pues a pelear enardecidos, sin distingos ni atenuaciones. Adelante. No les hablemos de parar ni de cubrirse con el terreno; no disculpemos previamente a la fuerza del instinto; ya llegará forzosamente la realidad a imponerse. Grabemos en su espíritu que para ser guerrero solo embistiendo cumple su deber y acredita su título.
“EL ESPÍRITU DE COMPAÑERISMO, con el sagrado juramento de no abandonar jamás un hombre en el campo hasta perecer todos.”
Prueba la más excelsa del compañerismo: No abandonar al caído, hasta dar la vida por él. Hagamos que llegue a sus entrañas el compañerismo y mostrémosle radiante, hermoso y solo para el bien.
“EL ESPÍRITU DE AMISTAD de juramento entre cada dos hombres.”
Busca esta amistad aliviar las fatigas de la dura vida de campaña; lazo amistoso para que cada hombre tenga elementos de dos, un pacto para hacer comunes los beneficios, una segura ayuda en todos los casos, anulando el egoísmo individual.
“EL ESPÍRITU DE UNIÓN Y SOCORRO. A la voz de «A mí la Legión», sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella defenderán al legionario que pide auxilio.”
Su explicación va en el mismo enunciado.
“EL ESPÍRITU DE MARCHA. Jamás un legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado, será el cuerpo más veloz.”
Hemos de pedir perdón por la irreverencia al hombre, al exigirle que caiga reventado, como el caballo en la carrera, y hecha la salvedad, insistamos en pedirles que marchen y sena los más veloces; son infantes y la Infantería lucha con las armas y con las piernas, que son su caballo. «Será el Cuerpo más veloz» Hagamos espíritu de Cuerpo. Busquemos ser los campeones de la marcha.
“EL ESPÍRITU DE SUFRIMIENTO Y DE DUREZA. No se quejará: de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.”
Y así, haciéndoles ver desnuda la vida militar y pidiendo que sufran por convicción…¡Cantan luego, contentos, arrastrando los cañones del hermano artillero!: ¡Arrastrará cañones! ¡¡Arriba la Legión!!
“EL ESPÍRITU DE ACUDIR AL FUEGO. La Legión, desde el hombre solo hasta la Legión entera, acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no haya orden para ello.”
Es el secreto de la victoria
“EL ESPÍRITU DE DISCIPLINA. Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.”
Es la salud de la Patria.
“EL ESPÍRITU DE COMBATE. La Legión pedirá siempre, siempre, combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.”
Es, fue y será el espíritu de la Legión.
“EL ESPÍRITU DE LA MUERTE. El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.”
Hablemos de la muerte a los soldados; que huya esa visión dantesca; alejemos de su mente el horror. Que no sea una temible Fiera enlutada y tenebrosa que amedrenta con su guadaña. Mostrémosla joven y bella, besando la frente del héroe y derramando flores en derredor. Que sea el Ángel de la Guarda para el soldado que lo lleva al Cielo.
“LA BANDERA DE LA LEGIÓN será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de sus legionarios.”
Orden dada, orden cumplida…Es la norma de la Legión.
“TODOS LOS HOMBRES LEGIONARIOS SON BRAVOS, cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar que pueblo es el más valiente.”
Dada la condición singular de este Cuerpo, compuesto de hombres de todos los pueblos del mundo, es estímulo para que el querer exaltar el crédito en valor guerrero de cada uno, la Legión, que es la fusión de todos, alcance la suma de todas las bravuras.
“¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA LA LEGIÓN!”
Son los gritos de combate y de muerte: España, es la Patria; el Rey, el Jefe supremo, la Legión, la hermandad sagrada. Y estos ideales, compendiados en los vivas, serán lanzados virilmente, claramente, en los momentos de alegría y de tristeza…Al entrar el combate y al enterrar a los muertos.
El Credo, leído con solemnidad por los oficiales, apenas ingresados los legionarios, es repetido todos los días e interpretado en cada momento. Las hojas impresas se reparten profusamente, se pegan en las puertas del dormitorio, en las paredes, y los Capitanes ponen en artísticos carteles los artículos que luego sirven de severo adorno y constante recordatorio.
¡Y que grato resultaba a nuestros oídos el comentario gracioso de los legionarios en las marchas, que es donde más lucen las agudezas y donaires! El acemilero que cargaba la mula con maletas, que la falta de cuerdas y lo escabroso del camino hacía que cayesen con demasiada frecuencia, exclamando: “Arrastrará cañones, carros, cavará…;pero, ¡a mí nadie me ha hablado de cargar maletas!” Y en las marchas, asimismo, cando la jornada era dura y la fatiga cundía nunca faltaba una voz anónima salida de filas, diciendo alegremente: “No se quejará de fatiga, ni de hambre.” “Somos legionarios; a sufrir.” El Credo germinó frondoso en sus corazones y las pruebas conocidas son de todos.
*Millán Astray, José. “La Legión”. V.H. Sanz Calleja, Editores e Impresores. Madrid 1923