Los vecinos del Port Olímpic reclaman un plan de seguridad urgente para el ocio

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Los vecinos del Port Olímpic de Barcelona piden una reflexión profunda sobre el modelo de ocio de esta zona de la ciudad y aseguran que la seguridad ha empeorado con peleas y vandalismo. Este periódico ha comprobado cómo dos empresas privadas diferentes, una en cada lado del Port, velan por mantener a raya la venta ambulante, la droga y la prostitución que se extiende alrededor de los locales. A pesar de los esfuerzos por mantenerlos a raya, el Ayuntamiento reconoce que es un punto de atracción de hechos delictivos.
Chupitos y drogas

“Me han ofrecido de todo, desde chupitos a drogas, servicios sexuales…”, explica Jordi Giró, presidente de la Asociación de vecinos de la Vila Olímpica. La situación en el Port Olímpic de Barcelona empieza a ser preocupante, ya que según sus residentes “ha empeorado en instalaciones, público y es un lugar de mucha concentración problemática”. Giró pide una reflexión sobre el uso que se hace del puerto, reformular el tipo de establecimientos y solucionar los problemas de vandalismo que sufren en los accesos al transporte público de la zona cuando se van a trabajar temprano. “Antes de abrirse el metro se acumula gente, hay altercados, peleas y broncas”, relata.

Los vecinos reconocen operativos policiales puntuales, pero insuficientes, y aseguran que están trabajando con el distrito, pero piden celeridad porque “los hechos delictivos están a la orden del día” y sufren sus efectos en forma de “destrozos en el mobiliario, necesidades fisiológicas o retrovisores rotos”, detalla Giró.

Dos mitades, dos realidades

El verano llama a disfrutar más de la noche, y la aglomeración de clientes es mayor por la afluencia de más turistas en busca de diversión. La zona del Port Olímpic está dividida en dos partes, una división que marca la calle Marina, y que separa ambas zonas que pertenecen a dos distritos de la ciudad: Ciutat Vella y Sant Martí.

Este diario ha comprobado la realidad de una noche y cómo dos empresas de seguridad diferentes gestionan de forma muy distinta la zona. En el video que acompaña esta noticia, se puede ver como en la parte de Marina Village, que incluye la zona de ocio que hay tras el Hotel Arts, el casino de Barcelona y los restaurantes y discotecas, cuentan con una única empresa, Auservi Group, que gestiona la seguridad interna de los locales, controles de acceso y zona exterior. Casi medio centenar de pesonas velan por la seguridad de los clientes al entrar y salir de los establecimientos.

Mantener a raya el delito

En relación a los principales problemas, sus responsables refieren la existencia de un ejército, en ocasiones de hasta 50 personas, que se dedican a la venta ambulante de rosas, bocadillos, latas… y drogas, aseguran. Los vigilantes realizan tareas de prevención evitando que estos vendedores, y también los carteristas, traficantes y prostitutas violentas en grupos, se acerquen a los clientes o se intenten colar en los establecimientos. “Hemos tenido muchos problemas con las prostitutas”, cuentan.

La relación y coordinación con la Guàrdia Urbana y los Mossos d’Esquadra es constante, y mantienen reuniones periódicas en las que da buena cuenta de lo que pasa: un sistema de seguridad de vigilancia por cámaras de alta definición llega a casi todos los rincones y sirve para realizar informes y listar cualquier episodio nocturno. La operaciones policiales en la zona son puntuales y no consiguen atajar el problema a pesar de que, por ejemplo, existe una base de datos compartida y confeccionada por los cuerpos de seguridad y la empresa con datos y fotografías de los delincuentes más habituales de la zona.

A la caza del turista sexual

De esta parte, también se expulsaron un supuesto servicio de chóferes privados de clubes nocturnos de Barcelona, que ahora se ha instalado justo en paralelo a la parada de taxis de la calle Marina. En lugar de llevar a clientes de estos negocios, van a la caza del turista sexual, como ya denunció este mismo periódico hace un año y la situación sigue sin resolverse. Buena cuenta de ello dan en el Sindicato del Taxi, que no está para bromas. “Tras las primeras denuncias, siguen ahí e incumplen con la normativa. Están degenerando la imagen de la zona”, explica José María Sánchez, secretario general de Barcelona de este sindicato.

Los taxistas emplazan a la Generalitat a poner fin a esta práctica por la competencia desleal que supone y aseguran que no tendrán problemas en “liar otro pollo” en forma de manifestaciones si no se resuelve.

Pendientes de un permiso

Ya en el otro lado de la calle Marina, en la zona propiamente del Port Olímpic donde están los amarres del puerto deportivo, la realidad y el perfil de clientes es bien diferente. Existen dos muelles explotados por una quincena de propietarios que concentran una oferta de 15 bares musicales y/o discotecas y 6 restaurantes. Por allí pasan a diario una media de 10.000 personas, de las cuales un máximo de 3.000 lo hacen por la noche. Cada local tiene su propio control de acceso, y una empresa, SP4 seguridad, se encarga desde hace 5 años de la vigilancia exterior y del acceso al Port.

El fin de semana, un total de nueve personas realizan tareas de vigilancia, y cuentan con la colaboración policial, pero tampoco es suficiente para dar un giro radical a la situación.

En esta parte, sin embargo, no existe una vigilancia global con cámaras de seguridad. “Ya tenemos el presupuesto y la inversión, pero nos falta tan sólo un permiso para instalarlas”, explica Joan Guitart, director de POBASA, la empresa que administra y gestiona la oferta del recinto deportivo y de ocio. El permiso tiene que llegar desde la Comisión de Control de Dispositivos de Videovigilancia de Catalunya, y esperan tenerlo a finales de este mes de julio.

Preocupados por la seguridad

“Aquí también hacemos una inversión importante en seguridad”, aclara Guitart, quien también reconoce que se ha intentado unificar la gestión de la misma, pero no ha sido posible por la variedad de negocios y propietarios usufructuarios. Y es que la zona acotada del Port Olímpic de Barcelona tiene una concesión a bares y restaurantes que no expira hasta el mes de abril del año 2020.

Un portavoz de la asociación que aglutina todos estos negocios (ABROPORT), defiende las inversiones que han hecho algunos empresarios que han resistido la embestida de la crisis, pero reconoce a la vanguardia.com que “hay una preocupación histórica y compartida por mejorar las condiciones de seguridad y de calidad” de la oferta actual. Este portavoz destaca que la zona da trabajo a unas 1.000 personas y que hay que “pensarla globalmente” para evitar la oferta actual tan diferenciada entre día y noche.

Más efectivos en verano

Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona reconoce que “el Port Olímpic sigue siendo uno de los principales puntos de atracción turística y esto comporta que atraiga personas que quieren cometer hechos delictivos y venta ambulante”, explican fuentes del consistorio. Por eso, dedican una especial atención al Port y al Frente Marítimo, sobre todo en época de verano, y han incrementado en un 50% los efectivos de la Guàrdia Urbana. Además se organiza un dispositivo mensual “para garantizar la seguridad y la convivencia en este espacio”, detallan.

También se llevan a cabo inspecciones de locales conjuntamente con los Mossos d’Esquadra llegando incluso a precintar y cerrar alguna sala. La mejora de la seguridad pasa también por un nuevo plan de usos y el Ayuntamiento, con vecinos y establecimientos comerciales, ya ha puesto en marcha una comisión para “definir los criterios que han de marcar la futura concesión”.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20140715/54411099513/vecinos-port-olimpic-reclaman-plan-de-seguridad-para-el-ocio.html

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