El asesino de Santa Ponça ocultó a la familia que había roto con su mujer

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Escucharon ruidos en la casa en plena madrugada y sólo les dio tiempo de encender la luz de la habitación. En la puerta, armado con una escopeta y sin que pudieran entender cómo había llegado hasta allí, estaba Bernardo F., ex pareja de la mujer que en ese preciso instante dormía con su nuevo novio. «Hijo de puta, te mataré», le espetó antes de que presuntamente le descerrajara un tiro a Juan José P. que le mató. Minutos después el segundo disparó que se escuchó fue el dirigido a acabar con su propia vida.

Eran poco antes de las tres de la mañana de ayer y la mujer no encontró a nadie a quien pedir ayuda cuando salió a la carrera de la vivienda, un chalet situado en la zona del Puig de Sa Morisca, en Santa Ponça. Antes, según relató, había recibido un golpe en la cabeza con la culata de la escopeta, pero consiguió zafarse de su agresor. Cuando volvió a entrar en la casa, tanto su novio actual como su ex pareja -con el que aún seguía legalmente casada- yacían muertos.

Fue ella misma quien llamó a los servicios de Emergencias, que desplazaron hasta el lugar varias ambulancias. Los sanitarios no pudieron hacer nada por salvar la vida de los dos hombres y atendieron a la mujer que se encontraba en estado de shock. Agentes de la Guardia Civil también se trasladaron hasta la calle Sierra de Alfàbia, para iniciar la investigación del caso y tomar declaración a la residente, de 37 años y nacionalidad rusa. Tras una exhaustiva inspección ocular, el juez ordenó el levantamiento de los cadáveres ya pasadas las once de la mañana.

Según relató la superviviente del crimen, que resultó ilesa aunque fue encontrada cubierta de sangre a la llegada de los efectivos, hacía un mes que se había instalado en el chalet en el que sucedieron los hechos con su nueva pareja: Juan José P., también de 37 años, aunque llevaban ya al menos seis meses de relación desde que decidiera romper el matrimonio que tenía con Bernardo F., de 66 años. Algunas fuentes señalan que los novios ya tenían planes de boda.

Bernardo F., sin embargo, ocultó a su familia que había roto con su mujer y que, como contó ella, conocía la nueva relación que ésta había entablado con otro hombre. Por eso, ninguno intuyó su nombre detrás de la noticia que leyeron a primera hora de la mañana. Tampoco habían ningún cambio en su carácter y todos recordaban el viaje que planeaban juntos las pasadas Navidades. Las primeras pesquisas de los investigadores apuntan a que asesinó al novio actual de ella antes de suicidarse con la misma escopeta de caza que la Guardia Civil encontró en la vivienda. Algunos vecinos rememoraron ayer que Bernardo era aficionado a la caza y, de hecho, estaba federado en Baleares.

La separación, de la que aún no habían iniciado los trámites legales, había llegado después de 12 años de matrimonio y del nacimiento de una hija de la misma edad. La niña que en la madrugada de ayer dormía en el piso del presunto asesino en Santa Ponça -a apenas veinte minutos a pie del lugar del crimen- cuando el hombre se dirigió a la actual vivienda de su ex.

Bernardo, jubilado desde el pasado mes de septiembre, había conocido a su todavía mujer en un hotel de Mallorca en el que él trabajaba como músico y ella como animadora. Para entonces él se había divorciado de una mujer anterior, con la que tuvo a sus dos hijos mayores. Hasta hace poco asistía a su esposa en la inmobiliaria en la que ella trabajaba.

Los forenses deberán confirmar en la autopsia la causa de la muerte de ambos hombres, mientras la investigación de la Benemérita intentará esclarecer las circunstancias del crimen. Entre ellas, cómo consiguió Bernardo acceder hasta el interior de la vivienda.

El Instituto Armado asegura que no existen denuncias de la mujer hacia su ex marido, si bien algunos amigos relataron a IB3 que la nueva pareja recibía amenazas desde hacía unos meses.

El Ayuntamiento de Calvià expresaba ayer su «conmoción» así como su «firme condena por el asesinato» ocurrido en el municipio. Desde el consistorio se trasladaron las condolencias a los familiares y amigos de las víctimas, y se pone a su servicio el apoyo del departamento de Bienestar Social si lo consideran necesario.

Precisamente, el pasado enero una ciudadana británica fallecía en la Costa de la Calma tras ser presuntamente estrangulada por su marido con el cable de un cargador de teléfono. Con el crimen de ayer son ya cinco las muertes por asesinato.

Fuente: http://www.elmundo.es/baleares/2016/05/13/57357fefe5fdea54658b463c.html

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